• Cuba

    Estamos a mediados de febrero, es la recta final de las vacaciones. Nuestra presidenta la semana pasada ha realizado una visita de Estado a Cuba. Y ha tenido un bochorno con el comandante Fidel, de verdad yo no entiendo que ha ganado Chile con la visita de nuestra presidenta, y además este caballero se manda ese numerito, creo que todos los chilenos nos hemos sentido ofendidos, pues Michell nos representa a todos, a moros y cristianos.

    Cada día pienso que algunas personas se eternizan en el poder, son personas muy nefasta para la humanidad. Yo espero que mas temprano que tarde llegue la libertad y la democracia a Cuba.
    Estoy con mi presidenta, me siento representado por ella en el exterior, por tanto no tolero que le pasen a llevar o le falten el respeto, nosotros somos respetuosos de todos los pueblos.

  • Cumpleaños

    Ayer he celebrado mi cumpleaños número 55. Me ha saludado toda mi familia, algunos por mail otros por teléfono y los más en forma personal. He reflexionado que he pasado la mitad de mi vida hace ya bastante rato, y mi aspecto físico ha cambiado, pero ...¿qué importa eso?. Lo que si he reparado en que me he vuelto más tolerante, creo que intento entender el "porque" de las cosas y el "para que" de las cosas.

    Bueno, hoy me embarga una gran alegría puesto que mañana 20 de enero asume la presidencia de USA un hombre en el cual muchísima gente tiene cifradas sus esperanzas, ¡ojalá! Dios lo asista con su sabiduría, puesto que va a precisar de mucha para enmendar el rumbo de esa gran nación, Espero que jamás llegue a la Casa Blanca otro hombre como el presidente que se va.

    Bueno, me llega a la mente un poema de Neruda que dice, y con esto me despido.

    Cómo marcha el reloj sib darse prisa
    con tal seguridad que se come los años:
    los días parecen pequeñas y pasajeras uvas
    los meses se destiñen descolgados del tiempo.

    Se va, se va el minuto hacia atrás, disparado
    por la más inmutable artillería
    y de pronto nos queda sólo un año para irnos,
    un mes, un día y llegua la muerte al calendario.

  • ¿A quién esperas tú?

    En este tiempo de Adviento, me recuerdo de la desoladora obra de Samuel Beckett "Esperando a Godot", donde se plantea este problema en términos contemporáneos. Godot es un disminutivo, un apelativo cariñoso de Dios. Didi y Gogo son dos amigos figuras realmente tristes, que esperan debajo del mismo árbol todas las tardes, que Godot venga y dé algún significado a sus vidas vacías.

    Ellos esperan, pero su existencia no tiene significado, ni esperanza real ni espectativas. No hacen nada mientras tanto. Matan el tiempo, antes de que el tiempo se acabe y los mate a ellos. didi observa en cierto momento que "la costumbre es un gran insensibilizador". Esto no es esperar o estar preparado; en un sentido es una existencia sin fe, sin esperanza, sin vida de verdad, sin gracia, vacía. Éste es el penoso extremo opuesto a la atención y viveza del Adviento, que se nos invita a experimentar en estas semanas venideras.

  • La caída del muro de Wall Street

    La caída del Muro de Wall Street

    Cuando alemanes orientales comenzaron de madrugada a derrumbar a fuerza de mazazos el Muro de Berlín también se terminaba de desmoronar un sistema económico, político y social. El 9 de noviembre de 1989 fue el día que cayó el muro de unos 50 kilómetros de largo y 4 de alto que durante 28 años había dividido a Berlín Occidental de la República Democrática Alemana. Fue el acontecimiento simbólico del fin de una época y el comienzo del proceso de desaparición de la poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Políticos, intelectuales y militantes del Partido Comunista en el mundo se quedaron sin referencia, sin el faro que orientara su accionar cotidiano. En las dos décadas previas a la debacle final, ya había comenzado un persistente cuestionamiento a ese modo de organización burocrática y represiva que bajaba del Kremlin. Pero muchos no podían romper con esos lazos de lealtad a la caricatura que se había convertido lo que fue la extraordinaria revolución bolchevique. Implicaba un profundo conflicto existencial, imposible de resolver, respecto de todo lo que habían cultivado, creído e interpretado a lo largo de su vida. Lo que vino después para esas sociedades fue mejor en el aspecto de las libertades individuales, pero no lo fue tanto en cuanto a condiciones materiales para las mayorías, salvo para una elite que se apropió del control de las riquezas de esos países. Por estos días el mundo ha empezado a vivir un acontecimiento histórico similar a partir de la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y la compañía de seguros AIG: la caída del Muro de Wall Street.Los golpes que van destrozando cada uno de esos ladrillos son el símbolo del fin de una época y el comienzo de una era hoy desconocida. Fueron casi 40 años de mercados financieros cada vez más desregulados, con entes de control públicos colonizados por los banqueros, libre movimiento de capitales especulativos y desarrollo de sofisticados instrumentos financieros que intensificaron el frenesí del casino global. Los gobiernos perdieron el control del sector financiero de la economía. Los dueños de las entidades, ejecutivos, analistas y operadores de esos mercados percibían ingresos obscenos, constituyéndose en una casta privilegiada durante estos años de dominio del mundo financiero sobre la economía real. Semejante poder terminó condicionando a las autoridades democráticas definiendo la lógica de funcionamiento general de las potencias, como en Gran Bretaña, donde la “industria financiera” representa el 30 por ciento de su economía. En la década pasada ya habían empezado a emerger síntomas de esta crisis: el crac bursátil de 1987, la ruina de Long Term Capital Management, el estallido de la burbuja de las puntocom y la quiebra de Enron, entre otros. Como los mismos fanáticos de la nomenclatura soviética, políticos, banqueros centrales, economistas de la city e inversores sofisticados no admitían cuestionamiento a la concepción del libre mercado y el predominio de las finanzas.La caída del Muro de Wall Street provocará un perturbador conflicto existencial a esos protagonistas parecido al vivido por los militantes comunistas con el hundimiento de la URSS. Ese mundo del dinero fácil, ideas del liberalismo mágico, estilo de vida, teorías y postulados se ha pulverizado. Se han quedado sin un faro en la vida. Serán patrullas perdidas del sistema capitalista con predominio de las finanzas que está acabado. El riesgo para Argentina, que está bastante blindada de coletazos de la crisis internacional, es la existencia en el país de un contingente numeroso de esos milicianos que, aún alienados de un fanatismo conmovedor por el ideario que ha fracasado, ha empezado a deambular por gran parte de los medios exponiendo su propia mediocridad. Se sabe que no es fácil para los seres humanos admitir su propia decadencia. Sus ideas presentadas como verdades absolutas durante décadas en relación con la concepción celestial del mercado libre, de la administración del riesgo, de la dispersión del capital y eficiencia de la actividad financiera son un fiasco a nivel global. El estallido se ha producido en el corazón del capitalismo financiero y la respuesta desesperada del líder extremista del laisser faire fue una intervención impresionante del Estado.El origen de esta crisis terminal no se encuentra solamente en la irresponsabilidad de un grupo de banqueros ambiciosos en el manejo de créditos hipotecarios de baja calidad. Su raíz se remonta a comienzos de la década del setenta. El mundo de las finanzas internacionales comenzó a cambiar a partir del 15 de agosto de 1971. Ese día el presidente republicano Richard Nixon ordenó suspender la compraventa de oro decretando la inconvertibilidad del dólar con ese metal precioso, con el objetivo de poder emitir sin restricciones para cubrir sus desequilibrios externos, al tiempo de intentar la defensa del dólar como moneda internacional, como explicó Susanne de Brunhoff en su didáctico libro La política monetaria, publicado en 1973. Ese fue el inicio del final del sistema que desde la Segunda Guerra Mundial los países desarrollados habían utilizado para administrar las finanzas y el comercio global (Bretton Woods). Uno de los aspectos fundamentales de ese esquema era que la relación entre las paridades cambiarias de esas naciones estaba fija en dólares, y que el valor del dólar estaba respaldado por el oro a una cotización –garantizada por el Tesoro de Estados Unidos– de 35 dólares la onza. Esto provocó el descalabro del mercado de cambios y luego de intentar sin éxito volver a definir tipos de cambio fijos, en julio de 1972 se permitió que la libra esterlina flotara contra el dólar y luego le siguieron Japón con el yen y el resto de las potencias europeas con sus respectivas monedas. Antes de esa medida de Nixon, el tipo de cambio fijo estaba defendido por fuertes controles del flujo de capital entre países, y también estaban muy controlados los mercados financieros domésticos.La inconvertibilidad del dólar fue la puerta que se abrió para desregular los flujos internacionales de capital debido a la necesidad que tenían las empresas y bancos de cubrirse por las fluctuaciones de las tasas de cambio de las monedas. Fue el mordisco a la manzana del pecado. Las firmas que negociaban en los mercados extranjeros presionaban para poder diversificar su cartera de activos para reducir riesgos. La idea era que tenían que operar en divisas y activos financieros en transacciones inmediatas y a futuro en función de la percepción del riesgo que implicaba la fluctuación de los tipos de cambio. Desde entonces se empezó a desarrollar en forma vertiginosa la “industria financiera”, con la creación de instrumentos sofisticados que requerían una cada vez mayor desregulación de los mercados, apertura de los sistemas bancarios y liberación al movimiento de capitales. Se fue construyendo así el casino global donde la administración del riesgo fue transferida desde el Estado al sector privado. Esa liberalización internacional ha exacerbado la volatilidad del mercado y aumentado enormemente el peligro de contagio. Es lo que se vivió en la región durante la década del noventa y, por fortuna, mal que le pese a la secta de brujos nativos, el tránsito a contramano del Consenso de Washington les permite a esos países tener mejores defensas para enfrentar el actual crac de Estados Unidos y Europa.Ese orden financiero global ha estallado con la burbuja inmobiliaria y los créditos subprime en Estados Unidos, activos que alcanzaron el estadio final de la sofisticación de instrumentos financieros desregulados. Ya nada será igual, aunque todavía no se vislumbra el modelo que lo sustituirá. Otra forma de regulación del sistema capitalista emergerá luego de la caída del Muro de Wall Street, lo que no significa que vaya a surgir rápidamente teniendo en cuenta la disputa que se precipitará dentro de Estados Unidos, pero fundamentalmente porque el eje del poder hegemónico global pasará a estar compartido con nuevas potencias en crecimientoAlfredo ZaiatPublicado en Página 12, septiembre 20 de 2008

  • CERN

    Por Adrián Paenza

    Usted, como yo, alguna vez fue niño. Alguna vez, también, le debe haber pasado lo mismo que a mí: frente a un regalo, uno se quedaba jugando más con la caja que lo contenía, o el papel que lo envolvía, que con el propio juguete.

    Peor aún: insatisfecho con lo que uno tenía delante, la idea era saber cómo estaba construido. La tarea implicaba tratar de “desarmarlo” ante la desesperación de nuestros padres. Por supuesto, el verbo “desarmar” tiene distintas connotaciones y definiciones posibles.

    Ante el menor descuido de los adultos, desensamblar se transformaba en romper. Pero “romper” tampoco era suficiente. Lo que uno quería saber, el objetivo que buscaba, era el de descomponerlo en las piezas más chiquititas posibles. Y aun así sería insuficiente. Los martillos y tenazas servían hasta un cierto punto. El pueblo quiere saber, a esa altura, se transformaba en “el niño quiere saber”.

    En tanto que adultos, los juegos tienen otra dimensión. Las herramientas son cada vez más sofisticadas, pero el deseo infantil permanece. Todavía, a pesar de la edad, uno quiere saber.

    Ahora, en lugar de martillos hay aceleradores de partículas. En lugar del piso en donde quedaba todo desparramado, ahora hay un tubo gigante de 27 kilómetros de circunferencia y enterrado a 100 metros de profundidad. En lugar de poder ver con nuestros ojos, ahora hay que recurrir a sensores estratégicamente distribuidos. En lugar de trabajar solos, ahora hay 5000 científicos de todo el mundo. En lugar de un juguete de 30 pesos, ahora “el chiche” cuesta ocho mil millones de dólares. Y tardaron 14 años en construirlo.

    Además, nosotros no teníamos ninguna teoría para confirmar o ratificar. No estaba en juego el principio u origen del universo, ni estábamos a la búsqueda de la decimotercera partícula elemental (el bosón de Higgs).

    Como no había teoría para ratificar, el camino era siempre virgen. Cualquier descubrimiento merecía un paper interno. Todo estaba inexplorado, todo estaba por ser develado. En cambio, los adultos tenemos conjeturas, teorías. Avanzamos a tientas. Encontramos cosas en el camino, por supuesto, pero en el afán de incrementar el volumen del conocimiento, no siempre elegimos las direcciones adecuadas.

    Sin embargo, el día 10 de septiembre del año 2008 quedará inexorablemente en la historia. Es que si hay UNA curiosidad por satisfacer, UNA pregunta por contestar es la del origen de todo, el origen del universo. Las religiones lo explican con la existencia de un ser todopoderoso.

    Y está bien si uno acepta creerlo. Pero hay otro grupo de personas que tiene otras ideas y busca otros caminos. Y no por eso tienen que ser irrespetuosos con las creencias del resto, sólo que esa respuesta no parece del todo satisfactoria. Es una respuesta que ha tenido adaptaciones de acuerdo con las épocas.

    Por supuesto, no quiero decir que la puesta en funcionamiento del acelerador de partículas binacional (suizo-francés) sea ni “la máquina de dios” ni “la máquina de descubrir”. Pero sí creo que el hombre se sigue dando todos los recursos de los que es capaz para encontrar respuestas científicas a sus dudas eternas. Por ahora siguen siendo conjeturas. Y a los adultos, como chicos que aún somos, nos interesa seguir jugando, y aceptar que cada respuesta sirve para disparar nuevas preguntas.

    Ningún ciudadano va a mejorar su calidad de vida ni hoy ni mañana por la confirmación de la existencia del bosón de Higgs. Pero la humanidad toda será mejor, aunque más no sea porque habrá podido contestar una pregunta más. De eso se trata el juego.

  • 24 Horas

    Si la vida del homo sapiens en la tierra de aproximadamente 50.000 años se pudiera expresar en el lapso de 1 día de 24 horas, entonces, haría menos de 5 horas que habríamos reemplazado el garrote de cazador por la pala para excavar la tierra y labrarla.

    Hace 2,5 horas que hemos inventado el lenguaje escrito y ha nacido la civilización.

    Hace 1 hora que aprendimos a surcar los mares, iniciándose el comercio entre naciones y también las conquistas.

    En los últimos 10 minutos inventaamos el método científico de hacerle preguntas a la naturaleza y de esto ha derivado la máquina a vapor, y la Revolución Industrial;2 minutos atrás aprendimos a controlar las enfermedades infecciosas y a inclinar la balanza de crecimiento de la población. Inventamos el motor a gosolina y se ha producido un movimiento masivo de la población laaboral de los campos a las ciudades.

    Hace menos de un segundo que descubrimos la energ{ia nuclear y tomamos el destino del hombre, su vida y su muerte en nuestras manos. Y ahora, en los últimos segundos que recien han pasado, las respuestas científicas a viejas e inocentes preguntas han alcanzado tal ritmo, que no se admiten límites a las posibilidades sociales de este nuevo conocimiento.

  • EGMONT

    Acto V
    Prisión
    (Final del capítulo)
    Monólogo de Egmont

    Egmont (Solo). - ¡Hombre cruel! No creías hacerme este beneficio por medio de tu hijo. Gracias a él estoy libre de preocupaciones y dolores, de temor y de todo sentimiento congojoso. Con dulzura e insistencia reclama la naturaleza su último débito. ¡Ya está hecho! ¡Está resuelto! Y lo que la noche pasada, con su incertidumbre, me tuvo en vela en mi yacija, adormece ahora mis sentidos su indomable evidencia. (Tiéndese en el lecho. Música.)¡Dulce sueño! Lo que te gusta es llegar como una pura dicha, sin ser rogado, sin ser suplicado. Tú deshaces los nudos del severo pensamiento, entremezclas todos los cuadros de alegría y de dolor; la esfera de internas armonías mana sin obstáculos y envueltos en gratos delirios, nos amodorramos y cesamos de existir.

    (Se adormece; la música acompaña su sopor. Por detrás de su lecho parece abrirse el muro y se muestra una aparición resplandeciente. La Libertad, con celestes vestiduras, rodeada de resplandores, descansa sobre una nube. Tiene los rasgos de CLARITA y se inclina hacia el dormido héroe. Expresa un sentimiento de piedad, parece compadecerle. Pronto se domina y con gesto reanimador, muéstrale el haz de flechas, después el cetro con el gorro. Indícale que esté alegre, y al significarle que su muerte dará la libertad a las provincias, reconócelo como vencedor y le tiende una corona de laurel. Al acercar la corona a la cabeza de EGMONT, hace éste un movimiento, como alguien que se agita en sueños, de modo que su rostro queda vuelto hacia la aparición. Mantiene ésta la corona suspendida sobre la frente de EGMONT; óyese muy a lo lejos una música marcial de pífanos y tambores; desvanécese la figura con los suaves sones de la música. El rumor se hace más fuerte. EGMONT se despierta; la prisión es débilmente iluminada por el resplandor de la mañana. El primer movimiento del héroe es llevarse las manos a la frente; se levanta y mira en torno a sí, teniendo siempre la mano en las sienes.)

    ¡Ha desaparecido la corona! Hermosa imagen, la luz del día te ha ahuyentado. Sí; ambas estaban reunidas: las dos más dulces alegrías de mi corazón. La divina libertad había tomado a préstamo la figura de mi amada; la encantadora muchacha se había vestido con las celestes vestiduras de la diosa. En el primer momento aparecieron unidas, más graves que amorosas. Se presentó ante mí con sandalias manchadas de sangre, manchados de sangre los flotantes pliegues del borde de su túnica. Era mi sangre y muchas otras sangres nobles. No; no será derramada en vano. ¡Sigue adelante! ¡Bravo pueblo, te guía la diosa de la victoria! Y lo mismo que el mar rompe vuestros diques, romped, destrozad los muros de la tiranía y arrastradla, envuelta en vuestras olas, lejos de la tierra que se apropió. (Tambores más cerca.)

    ¡Oíd! ¡Oíd! ¡Con qué frecuencia este estruendo me convocaba para marchar con libre paso hacia el campo de la lucha y la victoria! ¡Con qué ánimos emprendía con mis compañeros la carrera de peligros y gloria! También yo, desde esta prisión marcho hacia una muerte honrosa; muero por la libertad, por la que viví y combatí, y a la que ahora me sacrifico dolorosamente. (El fondo de la escena es ocupado por una fila de soldados españoles con alabardas.)

    Sí; traed todas vuestras armas; estrechad vuestras filas; no me espantáis.

    Estoy acostumbrado a alzarme ante las lanzas y contra las lanzas, y en todas partes, rodeado de amenazadora muerte, sentir con doble vértigo mi animosa vida. (Tambores.)

    ¡El enemigo te cerca por todas partes! ¡Amigos, levantad vuestro valor! ¡A vuestras espaldas tenéis a vuestros padres, esposas, hijos! (Señalando a la guardia) Y a éstos, no es su valentía, sino una vana palabra de su amo lo que los impulsa. ¡Defended vuestros bienes! Y para salvar lo que os es más querido, morid alegremente, tal como os doy ejemplo yo.
    (Tambores. Cae el telón mientas avanza hacia la guardia y la puerta del fondo; recomienza la música y termina la obra con una sinfonía triunfal.)

    ESTO ES UNA TRASCRIPCIÓN DEL FINAL DE LA OBRA DEL AUTOR ALEMAN GOETHE. Es un monólogo muy hermoso, lleno de esperanza y sin dudas un canto a la libertad. Por allá por la primavera del año 1986, en Santiago de Chile, se preento la Opertura de Egmont de Beethoven, en el cual debía proclamarse toda la obra en nuestro idioma, un funcionario de tercer orden evitó dicha proclamación, viajando de urgencia a Buenos Aires, a contratar un actor que lo hiciera en alemán, ¿por qué lo hizo así?

    Pues es claro, asistieron a dicha función sus amos, la junta de gobierno que nos gobernaba de facto. Al conocer esto el escritor chileno Carlos Cerda, q.e.d. , publico una novela titulada: Sombras que caminan. El actor chileno, que no pudo proclamar dicha obra, es el señor José Soza.

  • Instrucciones para dar cuerda a un reloj

    Al escuchar este cuento, digo que perfectamente el reloj, hoy día puede ser cambiado por el teléfono móvil o por cualquier "gadget", ¿no les parece igual?

  • La Olímpida de Berlín

    La Alemania nazi supo utilizar las Olimpíadas realizadas en Berlín en 1936 para mostrar al mundo mundo que constituía una sociedad bien organizada, pacífica y tolerante, sólo tres años antes de desencadenarse la Segunda Guerra Mundial. Funk, aistente de Goebbels, declaraba: "Los Juegos Olímpicos son una ocasión de propaganda como jamás ha conocido equivalente en la historia del mundo".

    Los juegos fueron preparados minuciosamente como verdadero operativo político. El 18 de julio de 1936 el inspector Best, jefe de la policía secreta, la siniestra Gestapo, emitió un comunicado secreto donde decía:" Los Juegos Olímpicos deben mostrar a los visitantes extranjeros el orden y la disciplina del Estado nacionalsocialista (...). A pesar de la tentativas de boicot a los JUegos Olímpicos por parte de los enemigos de Alemania nacionalsocialista, hay que esperar una afluencia importante de visitantes. Según información de que disponemos, hay que esperar en particular que los comunistas extranjeros, camuflados de inofensivos visitantes olímpicos, busquen perturbar las Olimpíadas. Para hacer fracasar eas manipulaciones, es necesario desplegar desde ahora medidas preventivas de seguridad y vigilancia por parte de la policía política. Sin embargo todas las medidas para proteger las Olimpíadas contra tales perturbaciones deben ser instrumentadas con la más grande prudencia y discreción. Así por ejemplo las razzias deben ser evitadas desde ahora, así como los grandes convoyes públicos de prisioneros antes y durante las Olimpíadas. Además, en ningún caso hay que despertar en los huéspedes extranjeros la impresión de una vigilancia policial, ni que esas medidas preventivas sean sentidas por losa extranjeros como molestas. La señalización detallada de extranjeros sospechosos debe ser asimismo comunicada al servicio de la policía secreta del Estado, en lo posible adjuntando señas personales y fotos. Del mismo modo deberán ser inmediatamente señalados los lugares actuales de residencia. Hace falta igualmente acordar una atención acrecentada a la actividad y al comportamiento de elementos hostiles al Estado que obran en el interior del país, aunque no haya apenas que temer de su parte grandes perturbaciones tales como manifestaciones, actos de sabotaje, proyectos de atentados. Las reseñas relativas a las intenciones, en particular a los actos de sabotaje, deben ser pronto trasmitidos a los serviciosde la policía secreta del Estado, con mención precisa de su proveniencia, si son seguros, y de lo que se haya previsto en tal o cual caso. Se tratará igualmente de provocar innumerables pequeños incidentes por medios de volantes, escritos provocativos y la propaganda oral a fin de alterar la impresión favorable que los huéspedes extranjeros se habrán de llevado de su viaje a Alemania".(Citado por Jacques Bozonnet, Sport et societé, París, Le Monde , 1996, pág. 57)

    El clima de paz y armonía reinantes en la Alemania nazi que se llevaron los turistas olímpicos fue pues una escenografía hábilmente montada como sólo saben hacer los regímenes totalitarios. La ceguera de las sociedades democráticas dejándose manipular por los nazis convertía a los Juegos Olímpicos en un preludio del Pacto de Munich, celebrado dos años después.

    Más lamentable fue la actitud de los Comités Olímpicos de los países democráticos -Francia, Inglaterra, Estados Unidos-,ninguno de los cuales se opuso a que la sede fuera la capital del Tercer Reich, ni a la participación de atletas y aun delegaciones enteras que desfilaban haciendo el saludo nazi ante el sonriente Hitler, ni al desfile en la pista de las juventudes Hitlerianas, ni al notorio racismo. Hitler abandonó el palco para no saludar a los atletas negros Johnson y Albritton, vencedores en la última prueba de la jornada inaugural y también se negó a saludar al atleta negro Jesse Owens, ganador de cuatro medallas de oro.

    El Olympic Zeitung, periódico de las Olimpíadas publicado en alemán en su edición del 19 de agosto de 1936, sostenía: "¿Es preciso decir que el gran triunfador de los Juegos Olimpícos de 1936 ha sido en realidad Adolf Hitler?". El diario inglés The Economist escribía, por su parte:"El éxito de los Juegos con su carácter de festival racial ario se ha nisto empañado por el espectáculo de tantos negros triunfadores en la prueba cruzando la l+inea de la meta adornada con banderas con la cruz gamada". (Citado por Hart, David, Hitler´s Olympics, London, Hodder and Stoughton, 1986. Mandel, R.D.,The Nazi Olympics, Chicago, University of Illinois Press, 1987.)

    Los dirigentes de la CIO no ocultaban su simpatía por el nazismo. En Estados Unidos una petición de 5000.000 firmas y un mitín en el Madison Square Garden contra la participación en los Juegos de Berlín fueron contestados por el Comité Olimpíco norteamericano con un panfleto titulado:" Rojos y comunistas". Los sectores democráticos y antifacistas que propiciaban el boicot fueron desplazados por el magnate Avery Brundage, presidente de la filial norteamericana y después del Comité Olímpico Internacional, que había logrado derrotar a los sectores democráticos opuestos a la participación y proclamaba:"Los judíos deben comprender que no pueden usar los Juegos Olímpicos para boicotear a los nazis". En tanto Frederick Rubien, secretario del Comité Olímpico norteamericano iba más allá y declaraba el 23 de octubre de 1935: "Los alemanes no están discriminando a los judíos en las pruebas de selección. Los judíos son eliminados porque no son bastante buenos. Porque no existe una docena de judíos en el mundo que pertenezcan a la clase olímpica". Ese mismo año Hitler había prohibido a los judíos toda actividad deportiva privada o pública, sin que el Comité Olímpico Internacional lo denunciara. Tampoco lo hizo cuando el presidente del Comité Olímpico alemán, el director Theodor Lewald, fue sacado de su cargo al descubrirse que tenía una abuela judía.

    El presidente del COI, el conde Baillet de la Tour, denunció que el intento de boicotear las Olimpíadas de Berlín tenía"intenciones políticas" y se basaba "en afirmaciones gratuitas, cuya falsedad me ha sido fácil desenmascarar". El barón de Coubertin, por su parte, no se quedó atrás; del mismo modo que Baillet de Tour, quedó encantado con la organización nazi y no vaciló en hacer pública su adhesión al hitlerismo, como queda documentado en el discurso de clausura de los Juegos de Berlín, donde alababa el "coraje que ha sido necesario para hacer frente a las dificultades a las cuales el Fuher había opuesto de antemano la palabra de orden y de voluntad "Wir wollen bauen" 8"queremos construir"), y para resistir a los ataques desleales y pérfidos con los que se intentó abatir la construcción que se levantaba". En ese mismo discurso, Coubertin señalaba la concordancia de las ideas racistas y belicistas del movimiento olímpico y del nazismo: "La calificación étnica figura ya de alguna manera en la carta de restablecimiento de las Olimpíadas; dice que cada país no puede ser representado sino por nacinales, nacionales de nacimiento y de nacimiento regularmente naturalizado; la residencia aun de por vida no es suficiente, hace falta que pueda ser reclamado por las banderas bajo cuyos pliegues se lucha." (Pierre de Courbertin , L´ideé olympique, discours et essais. Éditions Internationales Olympia, 1966. pág.134.)

    Esta adhesión la reiteró en un reportaje del diario L´Equipe en 1937: "Hemos estado firmes en 1936 a pesar del clima de hostilidad provocado por mediocres partidarios del Frente Popular que se empeñaaban en politizar el asunto. Felizmente mi sucesor a la cabeza del Coi, el conde Baillet de la Tour, no vaciló en denunciar esa campaña de denigración y, después de haberse encontrado con el propio Hitler, proclamó claramente que carecía de fundamento (...). Los juegos han tenido lugar, su gran éxito refleja la fuerza y la disciplina hitleriana, y han servido magníficamente al ideal olímpico, según los términos de la carta que envié a Carl Diem, el organizador deportivo del Reich, para felicitarlo(...) Carl Diem y el III Reich han sido los únicos, me oye, los únicos en acoger mi doctrina con benevolencia, los únicos en proponer que se imprima mi "revista olímpica" en Alemania, en tanto que Francia no le echó la menor hojeada(...) A pesar de los excesos deplorables del sistema nazi, no oculto mi simpatía por la idea de base, la de un orden nuevo".(Carl Diem, L´ideé olympique dans la nouvelle Europe, Berlín, Biblioteque I.N.S.E.P., Litt. jaune, B, 65. Citado por Quel corps?, Paris, Maspero, 1978, pág.165.)

    Los nazis por su parte consideraron al movimiento olímpico afín a su doctrina y a Coubertin como uno de los suyos. Carl Diem escribía:"El esfuerzo olímpico ha nacido en el mundo del espíritu guerrero y no puede por lo tanto permanecer extraño a una época en que los pueblos defienden sus derechos vitales con las armas en la mano(...) Coubertin, su renovador, tiene sangre de soldado en las venas. Aborrece del pacifísmo y de toda nebulosa utopía de paz"(Diem, ob. cit.) Courbertin murió demasiadoo pronto para ver las consecuencias del nazismo, pero el COI jamás hizo la autocrítica de Berlín 1936. La historia ha juzgado al facismo, pero el movimiento Olímpico y su creador siguen gozando de un prestigio sin mácula.

  • Atrapa sueños

    Hoy mientras almorzaba, han tocado la puerta. Era una amiga muy querida con su esposo, ellos viven en El Quisco, y se ganan la vida vendiendo artesanía. No han querido pasar, hemos conversado brevemente en la calle, pues anadabn apurados.

    He consultado a mi amiga que hac{ia ella, me ha respondido que hace "atrapa sueños", ¿atrapa....quéeeee?, he preguntado muy sorprnedido, me ha dado una explicación en que consiste un atrapa sueños. A decir verdad, poco entendí, mas me ha gustado el nombre, y me ha quedado en la mente, ¡lindo nombre! ¿verdad?, pues si les parece, podrían poner acá sus sueños, aquellos que han atrapado y los compartimos, ¡anímense!.

    Por ahora les dejo algo de la escritora británica del siglo XIX, George Eliot, cuyo nombre real era Mary Ann Evans. Ella en una de sus obras dice: "DEBE SER UNO POBRE PARA CONOCER EL LUJO DE DAR"

    Hasta pronto.

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